viernes, 9 de agosto de 2013

Montaña Rusa I

El sentimiento incongruente, impaciente
de un amor en espera,
la esquina testigo de las caricias más fragiles e inconclusas de esta tempestad
que es estar en la puerta de tu boca.

El sentimiento ahogado en más de un vaso de cualquier alcohol,
cualquiera que mi economía adolescente me permita introducir a esta anatomía que duele y te piensa,
y las ganas de pegarte, darte vuelta las ideas a ver si así tu ta-te-tí suerte para mí me elige de una puta vez.

El sentimiento de estruendo,
relampago, tormenta, calamidad y después calma
¡que te extraño, mierda!
Que incluso extraño tu montaña rusa, que me eches a patadas
y me pidas que regrese una y otra y otra vez
y así, ya ves, el circulo vicioso que provoca tu ternura.

El sentimiento de noche en las afueras de una ciudad porteña,
que para los dos es la misma
y para llegar a vos sólo tengo unos pocos pasos de distancia
pero para que llegues a mí tenes cinco continentes y más de una duda.